domingo, 26 de noviembre de 2017

Llegando

-Perdonen, estimados: nada que ver entre su Inatrapable y sus Chefs y mi Inesperada. Pongan algo de música, ¿no?
Mientras los otros dos contertulios se acomodan, subrayo la frase de Job: Escribir es una forma de amar al ser humano. Lo dice así por su formación originaria, seriamente católica, que sorprende a Mel, tan psicoálisis sin concesiones, y a Belarmino, tres generaciones ateo.
Nos conocímos hace poco, durante un viaje político-cultural, digamos, que los dos últimos hicieron por tierras del primero.
-Vaya, hasta que se digna, Job. 
-Perdón. Escribí esto.
Es pronto para hablar de Ella. Apenas le he escrito, contándole que el Hombre de los Cuadernos me invitó a escribir un blog en conjunto. Sus viñetas, sus Cuadernos son, espero no definir mal, una crónica político erótica, (ya luego contaré lo que entiendo por político erótico para no desvirtuar) una narración tan medular en medio de un país que se agita, un recorrido de hace años con dedicatoria para los Nietos. Su obra va a ser insoslayable cuando menos lo esperemos. He escuchado varias veces que a las personas les gustaría que la vida fuera acompañada con música de fondo. Él hace eso. Mientras escribe hay música en el blog. Ese es un pequeño detalle exquisito. Las primeras ocasiones en las que visitaba los relatos me iba contento por haberme robado un par de canciones que no conocía. Digamos que también es una escuela de música. A Jorge, me gusta ese nombre porque lo siento más cercano, le hallé de manera fortuita y voluntaria. Husmeaba en la red, creo haber entrado al perfil de Paco Ignacio Taibo II, luego al de Elena Poniatowska, luego al de no sé quién, luego al de no sé quién, luego al de no sé quién. De repente, la foto de un hombre, atractivo, de cabellos lacios, castaños y entrecano en las raíces, que rondaba por los cincuenta años o menos, cuyo anuncio de su nombre era precedido por el confiable "compa", apareció. Invadí la privacidad y hurgué en el perfil. No recuerdo qué había. Agregar. la Red inquirió que sólo podía agregar a la gente que conocía. Lo conoceré, por eso lo agrego. A bien, no sabía por qué sólo era consciente de que él era alguien de esos que se llaman imprescindibles. Cuando decidí ser parte de partido-movimiento, sabía que necesitaba referencias, necesitaba troncos en el mar para flotar. Voces que por su experiencia nos dijeran cómo veían ellos este mundo que a mi generación nos tocaba enterrar (?), amar, defender (?). Donde me deformé jjjjjjjjjjjjjj aprendí la necesidad de los amigos, de los compañeros, de que no se puede ir sólo, por ahí, cambiando el mundo. Aprendí a estar en comunidad, y la soledad hay que compartirla. En su perfil, notificaba estar casado con él mismo. Fina ironía. Sólo me aceptó en un lugar, al que por cierto no era asiduo. Hace algunos meses esa cuenta se volvió a activar y yo era un desconocido. laiqueaba, comentaba, eso era todo. Ahí había un círculo de quienes sí le conocían. Defeños casi todos y del Sur, geografía profunda como él le llama a esa región que no conozco y que no entiendo por mi situación geográfica. Ahí mismo, y en el tuicoso apareció Melissa, nuestra hermana. Imagino que estamos en una primaria y somos la "bolita" de esos tres. Ambos leemos lo que Jorge nos permite. Seguimos los cuadernos, sus aforismos, sus críticas, las autocríticas. No quiero hacer un retrato de ninguno, porque sería injusto. No soy su biógrafo. La amistad es como el asalto del sueño, sólo te atrapaba y flotas. No deben estar felices. La miel gotea y empalaga aquí. Vuelvo. Desde hace unos meses escribo un texo: Inatrapable. La palabra no procede, no existe. Es un sinónimo inventado. Alegoría (?) Lo conoce porque es la manera de comunicarme con ella. Ha pedido vernos esta semana.
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Mel y Job tienen dos rasgos en común, dice el hombre de los cuadernos, según quedé nombrado: la inteligencia y el delirio por vivir. Intensean, pues, y en eso me parezco a ellos con casi medio siglo más. 
El pretexto para tener un blog conjunto fueron las pasiones que perseguimos, en mi caso porque la Inesperada está lejos en tiempo y espacio. Pasiones, subrayo, pues de amor sobramos juntos ella y yo, y Mel y Job persiguen algo con toque místico, creo. 
Me refiero al misticismo estilo San Juan de la Cruz, cuya alma busca aquí a su Señor carnalmente: 
¡Oh noche, que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba
allí quedó dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena
cuando yo sus cabellos esparcía
con su mano serena
y en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme
el rostro recliné sobre el amado;
cesó todo, y dejéme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
¿Digo tonterías, Job el que fue seminarista y Mel madre de un sicoanálisis sin nombre todavía?
¿Dónde andará élla.
-Aquí. Va música y texto, pequeñito porque estaba muy ocupada. Pasa en formato de chat.
La primera entrada de esta historia no es la que me hubiera gustado escribir, pero si lo bello breve, dos veces bello. Quizá no hay momento correcto, pero sí comienzos inapropiados. Llegué a su vida con todo y maletas una noche fría, en la que él no logró adivinar que yo pretendía arrojar un cadáver sobre la mesa. Hic incipit. Han pasado meses en un constante ir y venir. Yo, ave; él, señuelo. A él, es a quien llamaré ''el insondable'', porque es profundo, impenetrable e imposible de leer, incluso para mí, que como dice Belar, practico un psicoanálisis que aún no tiene nombre. He decidido llamarlo así, también por fines po(éticos), para que tenga oportunidad de competir con la Inesperada e Inatrapable. Es la gota que colmó este cuerpo que a veces le da por ser vaso, y dejaría todo porque me derramara una y otra vez.
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El hombre de los cuadernos, según quedé nombrado, corrobora cuán bien escogió a esos dos jóvenes amigos. En cuanto al blog conjunto, no parece buena idea. Cada uno por aparte tiene muchas cosas qué hacer. 
Como sea, va mi contribución: 
Los cuadernos fueron fundamentales para que transitara a la vejez, descubriendo el sentido general de mi vida. Pueden servirles si encuentro una guía para su lectura.
El sábado de noche volví a casa por una línea del Metro que tiene estaciones cada poco -fue la segunda en construirse e inexpertos los ingenieros...- y cubrí dieciséis. A deshoras, ibamos todos sentados, frente a frente, y pudo crearse un ambiente cálido. Soy experto en el tema pues hace justo diez años estuve a punto de cobrar mis servicios al transporte público, diviertiendo, asesorando, escuchando a los usuarios.
Para los capitalinos nuestro mayor problema es la cantidad: veintitres millones en mil quinientos kilómetros cuadrados. Francia, por ejemplo, tiene menos de tres veces esa población y mide quinientos tantos más.
Tipo alegre y societario, yo, pues, entonces y este sábado. Por ello puedo amarlos tanto, hijos, nietos, cortesanos.
Volaron solas mis crías y regresé a mi segundo oficio mayor, nunca abandonado enteramente: adorador del pueblo luchón. Encontré así a las hermanitas y hermanitos, cuya edad en general multiplicaba por tres, y di pie a que el abuelo, Felícitas, Filiberto y demás se reunierán para juzgarme con cariño.
¿Extraña que para la sociedad, antiguos amigos incluidos, me convirtiera entonces en detritus, pues daba tumbos buscando un pequeño ingreso?